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Cecilia: cien años después



"Basada en la obra maestra de Cirilo Villaverde"


Las leyendas de amor no siempre son felices. Por lo general, las pasiones más recordadas entrañan tragedias, pues perduran  aquellas cuyos amantes se entregan en total plenitud, sin medir sacrificios o consecuencias.

Racismo, celos, traición, muerte e incesto desbordan la obra “Cecilia Valdés o La Loma del Ángel”, un magistral regalo de Cirilo Villaverde, novela romántica en la cual el autor asume los riesgos de transgredir la sexualidad permisible para la sociedad colonial cubana de la época.

El cortejo entre hermanos constituye un atractivo puesto de moda en Europa, como símbolo de los amores platónicos.

En Latinoamérica, las corrientes literarias asumen los mismos paradigmas sentimentales del Viejo Continente, pero enriquecidos a través del mestizaje, recurso distintivo y propio del quehacer creativo  en el Nuevo Mundo.

Pasajes auténticos y cambiantes, desde la abolición de la esclavitud hasta el establecimiento de una sociedad discriminatoria en cuanto a etnicidad y género, matizan el texto, considerado como la primera gran novela cubana.

El volumen también muestra el incipiente nacimiento de la identidad patria, tanto por el tema como por su argumento.

Calificados de excelentes, los rasgos anecdóticos insertos en la trama repercuten actualmente como vía interpretativa del pasado nacional, capaces de convertir el libro “Cecilia Valdés” en híbrido de dos aristas: histórica y romántica.


Los Conflictos Etnicos

La trama principal de la obra, el racismo, está expresada a través de la relación entre la mulata Cecilia y Leonardo, el hijo de un aristócrata acaudalado, quien influido por los miramientos sociales abandona esa pasión para casarse con Isabel Ilincheta.

Otras novelas cubanas del siglo XIX presentan tratos distintos en cuanto a las preferencias sexuales de las jóvenes negras. En “Francisco” (1880), de Anselmo Suárez, y “El negro Francisco” (1873), de Antonio Zambrana, la mujer mulata elige amantes afrodescendientes cubanos.

Durante esa época, la Isla era todavía colonia de España, y el matrimonio interracial estaba institucionalmente regulado. Un decreto real de 1806 imponía que ningún noble se podía casar sin permiso con desiguales.

La razón de que el concubinato fuera aceptable hacía innecesarias las nupcias, mientras los caucásicos podían manipular privilegios para formar familias racialmente segregadas.

Los hijos eran fichados legalmente según la piel materna, lo que permitía mantener relaciones y garantizar a la descendencia ortodoxa protección legal, mientras la prole discordante no tenía nada seguro.

De manera paradójica, el mestizaje en Cuba resultó un proceso vedado y al mismo tiempo masivo. En muchos casos las “cruzas” eran ocultadas para escalar, dando como resultado la formación de una comunidad caracterizada por la gran separación entre la aristocracia blanca española (peninsulares y criollos), y el resto de la población relacionada masivamente mediante matrimonios mixtos.

Mientras el prejuicio del abolengo fue en aumento, el resto de los ciudadanos multiplicó las relaciones inter-étnicas y tendió a desconocer las rígidas disposiciones de castas, sin importar cuál hubiera sido el color de sus antepasados.

De este modo, en Cuba se produjo paulatinamente un proceso de amalgamación nacional en cuanto a costumbres, ideas y razas.

El Escritor


El insigne escritor cubano Cirilo Villaverde (1812-1894) nació en el ingenio Santiago, de Pinar del Río, donde conoció desde pequeño los horrores de la esclavitud.

En 1823 partió hacia la capital cubana, donde estudió y se graduó como bachiller en Leyes. Trabajó brevemente como abogado a fin de dedicarse por completo al magisterio y la literatura.

Editó las primeras novelas en la revista Miscelánea, de útil y agradable recreo en la que aparecieron “El ave muerta”, “La peña blanca”, “El perjurio” y “La cueva de Taganana”. También colaboró con numerosas publicaciones, entre las que se cuentan Recreo de las Damas, Aguinaldo Habanero, La Cartera Cubana, Flores del Siglo, La Siempreviva, El Álbum, La Aurora, El Artista y Revista de La Habana. Formó parte de la redacción del Faro Industrial de La Habana, donde mostró los cuentos “El ciego y su perro” y “Generosidad fraternal”.

Por ese tiempo comenzó las actividades políticas y pronto se hizo sospechoso al gobierno español, gracias a sus ideales separatistas. La participación en la conspiración de Trinidad y Cienfuegos le valió para ser detenido en 1848 y condenado a presidio. Al año siguiente pudo escapar y trasladarse a Nueva York, donde trabajó como secretario de Narciso López hasta la muerte de este. En dicha ciudad fue colaborador y más tarde director del periódico independentista 'La Verdad'.

Recorrió varias ciudades como Nueva Orléans y Filadelfia, donde se dedicó a la enseñanza del español y contrajo matrimonio en 1855 con la activa conspiradora Emilia Casanova.

En 1858, al amparo de una amnistía concedida por el gobierno español, retornó a La Habana y durante la estancia en la Patria dirigió la imprenta La Antilla, fue codirector y redactor del periódico literario La Habana, colaboró con Cuba Literaria y apadrinó la publicación de los artículos de Anselmo Suárez y Romero.

Regresó a Nueva York en 1860 y cuatro años más tarde abrió junto a su esposa un colegio en Weehawken.  Al año siguiente formó parte de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico. Al estallar la Guerra de 1868, se sumó a la junta revolucionaria establecida en Nueva York e hizo breves viajes a Cuba en 1888 y 1894. Escribió la “Advertencia”, las “Notas” al folleto de Saco titulado ”Cuestión de Cuba”, y prologó la Colección de artículos satíricos y de costumbres de José María de Cárdenas. También  tradujo al español numerosas obras. Murió el 23 de octubre de 1912 en Nueva York.


Cirilo Villaverde  ha sido uno de los narradores más prolíficos de la literatura cubana y el precursor de la producción novelesca en la Isla. Su obra, de calidad irregular, se enmarca dentro del romanticismo y está contaminada por sus excesos, sin embargo refleja un contexto social y humano que trasciende su época y convierte a Villaverde en un autor fundamental del siglo XIX . La literatura realista y de costumbres, tiene en sus relatos y novelas un antecedente meritorio.

En cambio, si hoy Cirilo Villaverde  forma parte del parnaso de los clásicos de la literatura hispanoamericana, lo debe a su novela Cecilia Valdés (1882). La historia trágica de una mulata habanera sería el pretexto para la pieza de ficción que presentó primero en forma de breve relato y luego engordada en una narración de algo más de 600 páginas. La protagonista, Cecilia Valdés, es mestiza y dados su color y belleza será llamada por los galantes habaneros 'La Virgencita de Bronce'. En la novela aparece como hija ilegítima de un «caballero» y de una «parda». Con el paso del tiempo, en el imaginario nacional, representará a la mujer criolla y será un paradigma de lo cubano . Esta mulata sensual, pícara y cautivadora, cortejada por todos los hombres —sin importar su raza o clase— y con aspiraciones de ascender socialmente, frustrada por su condición y su nacimiento se convierte en Pandora o Helena.

Alegato antiesclavista, la obra logra describir el ambiente colonial cubano de principios del siglo XIX , las injusticias sociales y especialmente la ignominia de la esclavitud. Abolicionista y luego también independentista, Cirilo Villaverde construye una trama romántica en cuyo trasfondo está la denuncia social y la condena de la vida del esclavo en el ingenio, de las diferencias de oportunidades para la clase dominante blanca y la de los pobres, mestizos, libertos y esclavos.

Demasiados lectores «recordamos» pasajes de Cecilia Valdés diferentes a los narrados por Villaverde. Una amplia bibliografía en torno de la obra y su apropiación desde otras artes deben ser culpables de las transgresiones enriquecedoras del texto original, cuyas más conocidas inspiraciones serían la zarzuela homónima, escrita por Gonzalo Roig en 1932; y un serial televisivo y una película del director cubano Humberto Solás, en que el entonces joven actor Imanol Arias representa a Leonardo Gamboa, pasional amante que resultará el hermano blanco de Cecilia. ¿En La Habana, quién no ha escuchado decir de una mulata soberbia y hermosa que se parece a Cecilia Valdés?

Algunos afirman que, contrario a lo que declaró siempre el autor, Cecilia existió en realidad y por eso logra Villaverde una caracterización tan humana y rica en matices. Lo cierto es que en el Cementerio de Colón, en la Ciudad de La Habana, existe una tumba que lleva su nombre y que por las fechas inscritas puede coincidir con una mujer contemporánea del novelista. Algún anónimo admirador del «Mito de la Cecilia», que los periodistas no han podido descubrir, en el aniversario de sus muertes coloca flores en las tumbas de Cirilo Villaverde y Cecilia Valdés.

La Película


En el año 1981, uno de los grandes maestros del cine cubano de todos los tiempos, Humberto Solás, le concede a Cecilia Valdés, una nueva oportunidad de lucirse en todo su esplendor y le ofrece el protagónico de su largometraje “Cecilia”.
Una nueva cubana vuelve a encarnar a Cecilia tras la mirada atenta del maestro Humberto Solás; la actriz Daysy Granados.

No es de extrañar que sea Solás quien llevara al cine a Cecilia Valdés. El cineasta es un sorprendente constructor de personajes femeninos, tomados de la ficción o de la literatura. Las imágenes femeninas de Solás van a reflejar en casi su totalidad las contradicciones y adversidades que su sexo le impone en cada contexto histórico en el que se desenvuelven. Así sucede con Cecilia que revive la tragedia con la puesta en escena.

Con “Cecilia” Solás no se planteó una reproducción exacta de la novela sino una reinterpretación de la misma tomando de ella conflictos y personajes, recreando y redimensionando la historia, lo que provocó en el público una gran expectación. La realización del filme “Cecilia” se considera en la historia del cine cubano la empresa más colosal y controvertida de todos los tiempos realizado por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC).


El Director

Cecilia, como personaje protagónico de uno de los filmes de Humberto Solás, hace que el personaje femenino se convierta en símbolo polisémico y encarnación de la espiritualidad, la resistencia y la delicadeza, más allá de cualquier propósito coyuntural o vanamente polémico. La Cecilia villaverdiana (que en polémica versión de Solás se trasmuta en Oshún y se asemeja a la Caridad del Cobre), pueden verse cual alusiones simbólicas a la Isla, en esa centuria traumática y fundacional que fuera el siglo XIX latinoamericano.

Las causas de la no aprehensión del mensaje artístico, a juzgar por los testimonios aparecidos en la prensa escrita del momento, deben buscarse a partir de los siguientes elementos: Existía un estereotipo del personaje de Cecilia Valdés fijado por la novela, la zarzuela, el ballet y otras reconstrucciones artísticas de la obra de Villaverde. La violentación de esta imagen, bastante homogénea, al ser encarnado por la actriz Daisy Granados, resultó una Cecilia otra, física y psicológicamente distinta. En Cuba, por tradición, los mitos históricos y culturales han sido sagrados. Su desacralización tenía forzosamente que producir un choque en un público no habituado a ello.

La obra de Villaverde le sirve a Solás como telón, escenografía cognoscitiva, soporte sobre el cual crear, o más bien recrear o recapitular a Cecilia.

Con impresionante puesta en escena, buen manejo de los recursos narrativos y la dirección actoral, incluso de los extras, fue una película no bien comprendida por una parte del público y también de la crítica especializada que la atacó sin descanso y no vio con buenos ojos la necesidad del director de expresarse libremente ante un clásico de la literatura, y por qué no, del teatro cubano. Sin embargo: Más allá de las discusiones coyunturales debe decirse que Solás comprendió la historicidad y la perspectiva social de la obra de Villaverde logrando a partir de ella y no ilustrándolo, un apasionado fresco sobre los ingredientes de lo nacional. La dimensión del empeño, la rigurosidad de la puesta en escena, el movimiento de masa, nada deben a una malentendida y absurda fidelidad al texto. Cecilia constituyó uno de los hitos de la cinematografía cubana.

Solás crea su propia Cecilia releyendo la historia y recontextualizando su mito. El estereotipo del personaje de Cecilia Valdés creado en la novela y mantenido en la zarzuela cambia en esta ocasión con la nueva Cecilia del director cinematográfico.
En su cine, Humberto entiende que la cinematografía nacional podría solidificarse a partir del eclecticismo que dosificara la cultura “alta” y lo valedero entre lo vernáculo y lo popular. Con frecuencia partió de una fuente literaria, pero igual recreó el sistema referencial que decidió evadirse de la propuesta primigenia.

Añade además este investigador que si algo distingue el cine de Humberto Solás es, precisamente, la sustentación de una visión integradora, sincrética y cosmopolita que recapitula la mezcla de razas y culturas, más que exaltar, en su estado virginal, los factores que la componen.

El filme de 168 minutos de duración obtuvo varios premios en festivales de cine internacionales. Daisy Granados, por su parte, fue merecedora del premio a la Mejor Actriz en el Festival Internacional de Cine de Panamá en el año 1982. De esta obra, su director también realizó un serial de seis horas para la televisión; y el primero de julio de 1982, tuvo su estreno simultáneo en catorce salas cubanas.

Cecilia rompió el modo de hacer y de apreciar el cine en la isla. Mientras la obra provocaba puertas adentro un turbión polémico en las demasiado apacibles aguas de nuestro cine fue, hasta “Fresa y Chocolate”, el filme más vendido fuera de la isla.

Galería de Fotos









Ficha Técnica

Título: Cecilia
Género: Drama
Año: 1981
Duración: 127 minutos
Dirección: Humberto Solás
Producción: Humberto Hernández
Guión: Jorge Ramos
Nelson Rodríguez
Humberto Solás
Norma Torrado
Música: Leo Brouwer
Fotografía: Livio Delgado
Productoras:
ICAIC
Impala S.A.

Protagonistas

Daisy Granados


Imanol Arias


Eslinda Núñez


Verónica Lynn


José Antonio Rodríguez


Alejandro Lugo


Otros Actores
Miguel Benavides
Eslinda Núñez
José Antonio Rodríguez
Gerardo Riverón
Nelson Villagra
Alfredo Mayo como General Vives
Enrique Almirante
Mayda Limonta
Angel Toraño
Hilda Oates

Sinópsis

La Habana, primera mitad del siglo XIX. Cecilia, bella mestiza, ambiciona el mundo de los aristócratas blancos. Su vehículo será Leonardo, joven nihilista y contradictorio. La madre de Leonardo se opone a estos amores y arregla su matrimonio con una muchacha rica. Cecilia, enloquecida de celos, induce a uno de sus enamorados frustados a matar a la novia el día de la boda. La tortuosa pasión muestra el envés del esplendor de la sociedad esclavista.

Premios

Premio Jorge Herrera in Memoriam por la fotografía. Festival Nacional UNEAC de Cine, Radio y Televisión. Cuba, 1982
Mejor escenografía. Festival Nacional UNEAC de Cine, Radio y Televisión. Cuba, 1982
Nominada (Largometraje) a la Palma de Oro. XXXV Festival Internacional de Cine de Cannes. Francia, 1982
Mención a la película. Festival de Cultura Cubana en Burdeos y Leognan. Francia, 1986.



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